JORGE ANTONIO GONZALEZ RIOS
Jorge siempre fue un líder. El mayor de tres hermanos, nació el 6 de diciembre de 1964, y desde pequeño demostró una inteligencia que hasta hoy es el orgullo más grande de sus padres. Apenas aprendió a leer, devoraba con ansias todos los libros con los cuales se encontraba en su camino, y escuchaba con gran atención las historias que su padre le contaba acerca de sus años como músico de un grupo folclórico.
Jorge González, su padre, trabajaba como vendedor viajero; mientras su madre, Ida, se dedicaba básicamente a las labores del hogar, donde también -para ayudar a la economía hogareña- dedicaba largos días y noches a la costura.
Sin ser un alumno muy esforzado en el colegio, Jorge logró uno de los puntajes más altos de su promoción en el liceo en la Prueba de Aptitud Académica.
Había desarrollado una capacidad intelectual extraña para los jóvenes de su humilde condición social, que hizo presagiar tanto a sus padres como a algunos de sus maestros que un día tendría un gran futuro. La familia pensaba que él estudiaría algo relacionado con derecho, ingeniería, u otra carrera tradicional, pero Jorge optó por la música... Ello, muy a pesar de sus progenitores, quienes se convencieron de que este camino tenía futuro, sólo cuando comenzaron a escuchar las canciones de su hijo en las radios y verlo aparecer de vez en cuando en alguno que otro programa juvenil en la televisión.
Desde pequeño, el Choche, como hasta el día de hoy lo llaman sus padres, había sido un niño talentoso, desde siempre aficionado a la música, a hacer fonomímica, cantar, bailar, hacer historietas, y todo lo que fuera plásticamente entretenido. « bastante pintamonos », como dijo él mismo en una entrevista, en la cual también contó que « imitaba a Raphael, poniendo sus casetes en la radio casete de mi abuelita ».
Esta inusual creatividad sería la misma que años más tarde lo llevaría a ser uno de los compositores chilenos más acertivos de todos los tiempos, que con vocablos sencillos y un lenguaje muy directo, supo poner en el papel –sin quererlo realmente- los sentimientos de una generación marcada por el enfrentamiento, el dolor y el miedo, sin necesidad de acudir a las consignas políticas tan de moda en aquellos años.
La familia González Ríos vivía en una casa de la Novena Avenida de la comuna de San Miguel, a una seis cuadras de la Gran Avenida, centro neurálgico de esa zona en el sur de Santiago. Siendo ya uno de Los Prisioneros, Jorge vivió allí hasta que se casó, en 1986, cuando se trasladó a una casa que aún tiene en la calle Beauchef, en la comuna de Santiago.
En su hogar de San Miguel, la señora Ida tenía una pieza de costura, la que se tra...
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